En un claustro del siglo XVI

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Vivienda bioclimática y bioconstruida en

9 Pisos, Murcia

Un espacio del siglo XXI, en el que fue el primer rascacielos de la ciudad de Murcia, aloja este proyecto del estudio Número 26, siendo sus nueve alturas las que dan el nombre al restaurante. Un edificio de estilo neoyorquino de principios del siglo XIX que conserva en su interior un claustro del siglo XVI.

El concepto del restaurante se desarrolla teniendo en cuenta los requisitos del cliente, estudiando la historia del edificio, se idea una atmósfera estimulante, creando una gráfica y un lenguaje visual, que dan como resultado este nuevo espacio, un club del siglo XXI. Se trabaja con especial atención la iluminación logrando que, a través de la combinación de intensidades y colores, el espacio se transforme a lo largo del día. Futuro y pasado para un lugar pensado como contemporáneo. Artesanía y tecnología proporcionan un diseño donde realidades imaginadas componen el entorno que contendrán las nuevas historias que lo redibujarán. Muebles a medida, formas suaves, murales inspirados en elementos de la naturaleza materializados con códigos de la cultura urbana, lámparas y piezas de ornamentación creadas ad hoc. Un trabajo de armonía del color combinado con distintos materiales que aportan riqueza en texturas: mármol, terrazo, latón…

El club tiene una superficie aproximada de 300 m2. El claustro es, desde el inicio, un elemento principal en el desarrollo del concepto, tanto a nivel espacial como emocional. Además de la belleza que aporta al espacio, define los dos ambientes dentro que son concebidos como parte del mismo universo, aprovechando la división natural que aportaba el elemento arquitectónico para crear dos escenas diferentes. Para la selección de los materiales, el estudio se inspira en el pasado industrial del edificio. Se conservan las paredes de ladrillo macizo de principios del siglo XX, las instalaciones vistas, el pavimento de cemento y la estantería de la barra. Para la entrada al local, se pensó como si fuera un sofisticado montacargas puesto que el edificio donde se ubica fue el primero con ascensor de la época.

Se plantea también una lámpara mural como una síntesis del engranaje de una gran maquinaria. Las luminarias de la barra central están fabricadas con tuberías de PVC con la idea de trabajar el aspecto industrial desde un punto de vista refinado, transformando el medio en acabado que tuviera esa mezcla de lo bruto y lo delicado. Materiales como el latón y la madera de roble conviven con el hierro, el cemento y los tubos de neón, en un juego de contrastes que dan identidad al proyecto. La encimera de terrazo de la barra central, construida in situ, está compuesta por las mismas piezas de mármol que se eligieron para los sobres de las mesas de todo el local. El estudio también creó unos carteles llenos de juegos visuales de gran formato que componen una valla publicitaria con anuncios ficticios, haciendo referencia al pasado industrial del edificio.

Proyecto: Miriam Hernández Ros y Jose Ángel Rodríguez, Estudio Número 26. 
Fotografías: David Frutos. Arquitecto técnico: David Hernández. Constructor: 
Ficons Aurea, Zenith Electricidad y Control. Pavimentos: Marrakech Design. 
Techos: Rockfon. Mobiliario: Missana, Ondarreta, Magis. Baños: Roca. 
Grifería: Fábregas.

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