Nora Batlle

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“Lo perfecto me resulta frío. Prefiero lo que emociona”

Nora Batlle


El estudio Nora Batlle Interior Design aborda cada proyecto desde una mirada sensible y personalizada, donde el diseño se convierte en reflejo de quienes habitan los espacios. Con base en Barcelona, su trabajo combina materiales honestos, atención al detalle y una búsqueda constante de autenticidad en cada intervención.

¿Qué significa para ti que tu estudio se defina como un espacio de creación? ¿Cómo lo vives en tu día a día?

Para mí, un espacio de creación es un lugar en movimiento, donde las ideas evolucionan desde la intuición y se materializan en formas concretas. Cada día en el estudio es distinto: a veces es una imagen de referencia, otras, una conversación, un detalle constructivo, una textura… Todo suma en ese proceso de imaginar y dar forma.

¿Cómo abordas la transformación de una obra abandonada? ¿Qué criterios sigues cuando te enfrentas a un espacio así?

Con mucho respeto. Me interesa escuchar lo que el espacio tiene que contar, observar sus capas, su historia, y desde ahí trabajar con lo esencial: luz, proporción, materialidad. Siempre hay una estructura que puede ser el punto de partida para dar nueva vida sin borrar del todo lo anterior.

Brownie Las nuevas oficinas de Brownie reinterpretan un antiguo espacio de trabajo para alinearlo con su identidad. El uso del color rosa, materiales nobles y soluciones flexibles define un entorno creativo y funcional. La combinación de zonas abiertas, espacios técnicos y áreas de descanso favorece el trabajo y refuerza el carácter de la marca.

Hablas de la sencillez como vía hacia la calma. ¿Cómo traduces ese principio en tus proyectos?

Buscando la honestidad en los materiales, el orden en los espacios y una cierta contención. Para mí, la calma nace de lo que no sobra, de lo que está ahí por una razón. Me interesa crear espacios que acompañen, no que impongan.

Cuando te enfrentas a un gran lienzo en blanco, como arquitecta de interiores, ¿lo vives como un reto, una libertad o ambas cosas?

Ambas. La libertad es inmensa, pero también la responsabilidad. Un espacio en blanco es la oportunidad de pensar desde cero, pero también exige mucha claridad. Es ahí donde entra la escucha al cliente, al lugar y a lo que pide el proyecto.

Has descrito algunos espacios como surgidos directamente de la roca. ¿Qué relación tienes con el paisaje y los elementos naturales?

En mi trabajo, el paisaje y los materiales del entorno tienen un papel muy importante. Me interesa que los proyectos se integren, que parezca que siempre han estado allí. En el caso concreto de Balma Murada, la arquitectura fue diseñada por el estudio Mesura y el interiorismo se ha trabajado con la idea de que la casa dialogue con el paisaje, tanto en su materialidad como en el ritmo y el lenguaje del espacio.

Carme Karr La vivienda, situada en el barrio de Sarrià, en Barcelona, reorganiza por completo su distribución para priorizar la luz natural en las zonas de día. El uso de carpintería de roble, soluciones a medida y la conexión con el patio generan un ambiente cálido y funcional, donde interior y exterior dialogan con naturalidad.

En tu trabajo también desarrollas la imagen de marca desde el diseño interior. ¿Cómo conectas el espacio con la identidad de una empresa?

Cada marca tiene un relato, unos valores, una energía. El reto es traducir eso en espacio, sin literalidades, pero con mucha coherencia. Trabajo mucho la atmósfera: cómo suena, cómo huele, cómo se siente un lugar. Eso construye identidad desde lo físico.

El proyecto del llaüt muestra una mirada muy artesanal. ¿Qué importancia le das al oficio y a los procesos manuales?

Total. Lo artesanal aporta alma. Me interesa trabajar con manos que saben, con oficios que entienden el material más allá de lo técnico. Creo que los procesos lentos y cuidados generan una arquitectura más honesta, más sensible.

En propuestas de co-living, apuestas por zonas comunes cálidas. ¿Cómo piensas los espacios que invitan a compartir?

Los diseño como si fueran el corazón del hogar. Espacios con alma, donde apetezca estar. Trabajo mucho la escala doméstica, la luz y los materiales que invitan a tocar, a quedarse. Compartir no es solo funcional: es también emocional.

Maggiorata El restaurante italiano en Enric Granados, Barcelona, se desarrolla en un local alargado y oscuro que ha sido transformado en un espacio cálido y abierto. La bóveda vista, el estucado color trigo y el uso de mármol Alicante y madera construyen una atmósfera mediterránea, con mobiliario a medida que optimiza el conjunto.

Fundaste tu estudio en 2017. ¿Qué te motivó a dar ese paso y qué ha cambiado desde entonces?

Sentí la necesidad de construir una mirada propia. Empecé con proyectos pequeños, muy personales, y poco a poco el estudio ha ido creciendo. Lo que no ha cambiado es el foco en el detalle, en lo hecho con cariño, en trabajar con sentido.

¿Cómo defines tu estilo personal y la sensibilidad que pones en cada proyecto?

Más que un estilo, diría que tengo una actitud. Escucho mucho el lugar, al cliente, y desde ahí construyo. Me atrae lo sereno, lo natural, lo que tiene peso sin ser ostentoso. Busco una belleza que no canse, que acompañe.

Fotografías: Meritxell Arjalaguer

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