“Cada proyecto nuevo es un reto estimulante”
Carmen Baselga, Taller de Proyectos
Carmen Baselga Taller de Proyectos es un estudio de diseño y arquitectura interior con una marcada visión multidisciplinar. Su trabajo abarca desde espacios expositivos y comerciales hasta entornos residenciales y gastronómicos, siempre con una cuidada puesta en escena. Su sello distintivo: concebir el espacio como un escenario que potencia la experiencia.
Tu enfoque combina arquitectura e interiorismo. ¿Cómo integras ambas disciplinas en tus proyectos?
Para mí son una misma cosa, forman un todo en el que difícilmente podemos separar una de otra. Están amalgamadas, hablamos más bien de arquitectura interior, y tiene componentes más estáticos, sólidos y firmes, y otros más ligeros y movibles… Se corresponden también con materiales que tienen esas mismas características: mayor dureza o solidez (hormigón, ladrillo…) y otros más blandos, ligeros, maleables y adaptables, como lo realizado con madera, por ejemplo, los muebles, o con un carácter de piel, como los revestimientos o textiles. Generalmente proyectamos todo, pero a veces se llega hasta donde se puede, es decir, a veces no amueblamos, pero queda registrado en el proyecto para un futuro.
Un mueble y un ladrillo tienen un valor compositivo similar. Una ventana tiene unas proporciones y unas cualidades que tienen que ver con la estancia de la que forma parte. Del mismo modo, el mobiliario tiene carácter arquitectónico y forma parte de la composición espacial. No solo se configura un espacio con ladrillos, también los muebles son arquitectura.

En muchos de tus trabajos parece que la luz juega un papel fundamental. ¿Cómo la consideras al diseñar un espacio?
Sería la tercera pata del trípode. La luz la entendemos estrechamente vinculada al proyecto espacial, integrada en esa misma amalgama de la que hablaba antes. Nos esmeramos mucho en iluminar para cada ocasión. Normalmente nos gusta jugar con luces y sombras, esta textura es la que teje cada atmósfera, es una forma de esculpir el espacio.
Pero no hay que olvidar que la luz es un tipo de lenguaje. Dependiendo de lo que queramos comunicar, la utilizaremos de una manera o de otra. Seguimos los principios de Richard Kelly, que clasificó la luz para el diseño espacial en tres categorías: luz para ver, luz para mirar y luz para contemplar. También es importante el confort visual: que veamos bien, pero que la luz no moleste a la vista ni deslumbre.

Tus proyectos tienen un aire contemporáneo, pero también se ven influencias clásicas. ¿Cómo equilibras estos dos estilos en tus creaciones?
Bueno, el estilo de mi estudio es claramente contemporáneo. Ocurre que en ocasiones nos hemos encontrado con espacios de carácter histórico, como cuando hicimos el proyecto de la tienda Extrem en Madrid, ubicada en Palomeque, un antiguo local de imaginería religiosa en la calle Arenal con más de 150 años de historia. Había que respetar, recuperar, restaurar y dar un nuevo uso a aquellos muebles que marcaban una etapa de la historia del comercio español y que forman parte de nuestra cultura. Además, tenía que convivir con la imagen de modernidad que transmitía la marca previamente diseñada por Gallen-Ibáñez.
También, cuando hicimos El Taller de Paco Roncero en el Casino de Madrid, un edificio de 1910, una de las primeras cosas que planteamos fue la recuperación del techo original, que había sido maltratado con instalaciones y capas superpuestas de todo tipo de materiales. Con ello, recuperábamos también la armonía y proporción de una estancia tan singular como ésta, que pertenece a la planta de bibliotecas de este emblemático edificio. Una vez hecho esto, nuestra propuesta, bastante vanguardista en su momento, se integró de maravilla, demostrando que este tipo de convivencia no produce estridencias si se hace bien. Más bien al revés, porque singulariza el proyecto. No se puede hacer nada igual en un sitio diferente, con una carga de pasado tan auténtica y genuina.
¿Qué te influye a la hora de diseñar espacios tanto residenciales como comerciales? ¿Tienes una fuente de inspiración constante?
En el caso de los espacios residenciales, mi punto de partida son siempre las personas, ellas me inspiran. El reto es conseguir que el cliente acabe sintiendo el espacio como algo completamente suyo.
En el caso de los espacios públicos, ya sean comerciales o culturales, el público objetivo es otro, no es el propio cliente, y solemos tratar de darle un carácter más escenográfico. Intentamos salirnos de las líneas convencionales, pero también escuchamos mucho a nuestro interlocutor, ya sea el propietario o el director de marketing de la empresa.
Por otra parte, la lectura, los viajes y el cine también son inspiradores para mí; más que nada, me sensibilizan hacia otras formas de mirar las cosas. Quizás me influyen, pero de manera más inconsciente.

¿Cómo abordas la relación con los clientes desde el primer momento? ¿Qué es lo más importante para ti en ese proceso colaborativo?
Implicamos al cliente desde el primer momento; es fundamental que exprese sus necesidades y deseos, aunque estos a veces puedan ser pura fantasía. Luego nos toca a nosotras traducir, interpretar y dar forma. Lo más importante en este proceso colaborativo es la sinceridad, la capacidad de transmitir todo de forma clara por ambas partes. Luego ya, que nos permitan trabajar a nosotros como profesionales.
La sostenibilidad está ganando protagonismo en la arquitectura y el interiorismo. ¿Cómo la integras en tus proyectos?
De manera bastante natural, en el fondo tiene mucho de sentido común. Por supuesto, haciendo uso de los materiales que la industria nos ofrece a día de hoy, pero sin descartar la artesanía. Los modos tradicionales a menudo son más sostenibles y respetuosos con el medioambiente, además de aportar una impronta al proyecto muy singular.
CARMEN BALSEGA TALLER DE PROYECTOS. Denia 41, bajo izquierdo. 46004 Valencia. Fotografía retrato: José Bravo






















